Atendeme, no seas dramático LPM

Tal ves lo digo de viejo choto, pero quiero saber porque llamar por teléfono resulta ser un crimen de lesa modernidad. Sí, pareciera que levantar el tubo —perdón, apretar el botoncito verde— es invadir, molestar, interrumpir.
Me molesta que se molesten. ¿Qué es esto de necesitar pedir permiso por WhatsApp para hablar? “¿Te puedo llamar?”… ¿En serio? ¡Es un teléfono! Se inventó para sonar, no para estar de adorno.
Justo ahora, cuando todas las compañías ofrecen llamadas gratis, nadie quiere hablar. Durante años nos quejamos de lo caro que era, de los minutos contados, y ahora que tenemos barra libre… nos da fiaca usarlos. Un absurdo absoluto.
La llamada es una irrupción, sí, y qué bueno que lo sea. Significa que alguien pensó en vos en ese preciso instante y no quiso esperar a que tu notificación se pierda entre memes y stickers. Significa que te quieren sacar del piloto automático y regalarte una voz viva, con risas, tonos y silencios que ningún emoji puede imitar.
Así que basta de tanta hipersensibilidad. No todo es invasión, no todo es “me da ansiedad”. A veces la vida es dejarse interrumpir por otro. Porque en el fondo, atender una llamada es un acto de hospitalidad: abrirle la puerta a alguien que te eligió en el instante, siempre y cuando no sea una compañías que quiere venderte algo o una encuesta.
P/D: Si te suena el teléfono, atendé. No seas dramaqueen